La técnica específica de medir la frecura y
vitalidad de los alimentos fue estudiada por el ingeniero Simoneton, que ya ha cumplido los 80 años de edad, aunque parece un hombre próspero de negocios de 60 años. Se lo enseñó otro francés
extraordinario, André Bovis, frágil latonero que murió durante la Segunda Guerra Mundial en su nativa Niza.
La leche que, según sus medidas, radiaba 6500 angtroms
cuando era fresca, perdía el 40 por ciento de su radiación a las 12 horas, y el 90 por ciento a las 24. En cuanto a pasterización, Simoneton descubrió que mataba las longitudes de onda. Lo mismo
ocurría con las frutas y jugos vegetales pasterizados. Cuando se pasterizaba el ajo, se coagulaba como la sangre humana muerta, y sus vibraciones quedaban reducidas a cero angstroms, siendo así
que antes tenían 8.000. Ver: La teoría de la Radiovitalidad
Por otra parte, congelando la fruta y las hortalizas frescas, se prolonga su vida; al descongelarlas,
vuelven a adquirir la radiación que tenían antes de helarse, casi totalmente. Los alimentos guardados en el refrigerador se deterioran, pero mucho más despacio. Las Frutas y hortalizas sin
madurar pueden aumentar de radiación en el refrigerador, porque van madurando poco a poco.
Se vió en el experimento que las frutas deshidratadas conservaban su vitalidad si se las remojaba 24 horas en agua
dinamizada y aún después de varios meses de haberse secado, volvían a irradiar casi con la misma energía que cuando se las arrancó. Las
frutas enlatadas seguían completamente muertas.
El agua resultó ser un medio muy extraño : aunque normalmente no es radiante, podía ser vitalizada asociándola con minerales, seres humanos o plantas. Algunas aguas, como la de Lourdes, radiaban hasta 156.000 angstroms. Ocho años después parte de esa agua irradiaba
todavía 78.000 angstroms. El síquico checo Jan Merta, dice que las mondas de manzanas, peras y otras frutas y hortalizas, descargan vibraciones de salud en el agua del vaso en que se las sumerge
por la noche, que puede beberse al día siguiente y contiene más alimento nutritivo que las mondas mismas, las cuales no producen apenas efecto en el péndulo de Simoneton.
Para simplificar, Simonenton dividió los alimentos en cuatro clases generales. Colocó en la primera los alimentos cuya longitud de onda era
superior a la básica humana de 6.500 hasta 10.000 o más angstroms. Entre ellas están la mayor parte de las frutas, cuya radiación fluctúa entre 8.000 y 10.000 en plena madurez, y las hortalizas
recién llegadas del huerto. Simonenton advirtió que, cuando llegan al mercado, la mayor parte de las hortalizas han perdido la tercera parte de su energía, y que cuando se cuecen, pierden otra
tercera parte.
Dice que las frutas están llenas de radiación solar en el espectro de la luz entre las bandas infrarrojas y ultravioleta, y que su radiación va
aumentando lentamente hasta el máximo mientras maduran, disminuyendo después hasta cero, punto que marca su putrefacción.